La grasa saturada parece promover la artrosis

El exceso de peso y la inmovilidad son factores predisponentes para la aparición de artrosis. Diversos estudios señalan que el consumo de grasas saturadas puede acelerar el proceso de degeneración de las articulaciones, no sólo por el contenido calórico sino también por los factores inflamatorios que contienen.

Las grasas saturadas (también llamadas trans por su estructura química) son precursoras de moléculas de inflamación como el ácido araquidónico, prostaglandina 2 y leucotrieno 4 que producen daño celular. Las grasas trans las encontramos de forma natural, en la carne y la leche procedentes de rumiantes y también en productos comerciales de pastelería, platos precocinados, hamburguesas, aperitivos o snacks industriales. La Organización Mundial de la Salud recomienda que el consumo de grasas saturadas no supere el 1% de la ingesta energética total. En nuestro medio hay una mayor concienciación en la industria alimentaria y en los últimos años se ha ido reduciendo el uso de este tipo de grasas en los productos procesados.

En el lado opuesto encontramos las grasas insaturadas (también llamadas cis), que son promotoras de sustancias antiinflamatorias (como ácido eicosapentanoico – EPA- o ácido docosahexaenoico- DHA), tienen propiedades antioxidantes y previenen el daño celular oxidativo.

Recientemente se ha publicado un artículo en la revista Nature (ver artículo completo) que demuestra que el consumo excesivo de grasas saturadas acelera la degeneración articular artrósica en roedores. Este efecto es independiente del peso corporal ya que también apareció más artrosis en articulaciones que no soportan carga. En el estudio, los roedores recibían dieta con una elevada proporción de grasas saturadas (mayor del 20% del aporte calórico total, recordemos que la OMS recomienda que los humanos consumamos menos del 1%). Aunque los resultados no se pueden aplicar directamente en humanos, señalan un mecanismo de aparición de artrosis que se relaciona íntimamente con la alimentación.

Sabemos que la artrosis está asociada con un aumento del estrés oxidativo y de la inflamación celular. La dieta mediterránea, al ser rica en componentes antiinflamatorios como el omega 3 (pescado azul (DHA, EPA) y frutos secos (linolénico) ), antioxidantes (vitamina C (cítricos y frutos rojos) y vitamina E (aceite de oliva)) y minerales (cobre y zinc) contrarresta estos procesos de daño celular y previene su aparición.

En conclusión, la pérdida de peso siguiendo una dieta mediterránea y el ejercicio dirigido al fortalecimiento muscular previenen la progresión de la artrosis.

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